16 oct 2013

El sepulturero



Jamás se había visto una masacre como aquella. Los prados, antes verdes y luminosos, se habían teñido de rojo y vuelto sombríos. Los cielos lloraban una lluvia punzante como minúsculos fragmentos de cristal, la cual mezclaba la sangre y la tierra. El viento levantaba nubes de polvo y piel muerta. Ya solo quedaban armaduras y huesos.
Allí, entre la desolación y los cadáveres, se alzaba un hombre encapotado que portaba una pala con orgullo. Siempre preparado para terminar su misión.
Cavar, la extraña figura no hacía más que cavar. Y, cuando consideraba que el hoyo era lo suficientemente grande, arrojaba en su interior los cuerpos sin vida de los guerreros fallecidos, para acabar tapándolo todo con un manto de tierra y olvido.
Ese era su cometido. Y, una vez terminado, todo volvía a empezar. Se marchaba del lugar donde estuviese, buscando nuevas guerras que empezar, nuevas vidas que quitar, nuevas almas que apresar, nuevos cuerpos que enterrar bajo las tierras del olvido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario