5 nov 2013

Lluvia tras la ventana...



Era un día gris y lluvioso. Las nubes ocultaban el sol y tapaban toda la ciudad, o al menos la parte que yo podía ver desde la ventana en la que me apoyaba. Sostenía un libro entre mis manos y, totalmente relajado por el suave repiqueteo del agua contra el cristal, me hallaba inmerso en un mundo de fantasía.
Realmente me sentía allí, como si lo estuviese viviendo en vez de leyendo. Podía ver lo que sucedía. A mi llegaban todo tipo de olores y esencias. Escuchaba desde la brisa del viento en aquel bosque interminable hasta el choque de los aceros en la más cruenta batalla. Podía verlo todo con total nitidez. Era capaz de sentir lo que mis personajes favoritos sentían. Ya no existía en mi mundo, solo era alguien que vagaba entre caballeros y dragones, entre hadas y demonios.
Pero lo todo lo idílico tiende a torcerse, y aquella sensación no fue la excepción.
La lluvia cesó y, como cualquier otro sábado, mis amigos vinieron a buscarme arruinando aquel pequeño paraíso. Yo, lejos de enfadarme, corrí a divertirme con ellos. Sabía que por la noche volvería a la calidez de aquella posada donde los protagonistas de mí historia descansaban, al lugar donde me aguardaban para volver  a la aventura.

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