8 feb 2014

Cuervo



Había vuelto a ver ese cielo que ataño había surcado y con el que tantas noches había soñado…

Un cuervo graznó en lo más profundo del bosque, allí donde las sombras de los árboles se mezclaban con la propia oscuridad, la cual escrutaba con sus ojos rojos buscando señales de cambios en la espesura.

Aún recordaba la sensación de libertad al volar, pero era algo que llevaba tiempo sin disfrutar.

Hacía mucho tiempo había surcado los cielos y navegado sobre los vientos de aquel lugar. Pero un día todo cambió bruscamente. El viento tomó una dirección contraria a la que llevaba, un extraño y hermoso canto envolvió aquel lugar, obligando a los árboles a moverse para atrapar a aquel pájaro de color azabache, sepultándolo bajo una cúpula arbórea para el resto de sus días.

Muchos hombres entraron en lo que el cuervo consideraba su tumba. Ninguno lograba salir.

Pasó mucho tiempo antes de que aquel astuto animal viera su oportunidad de escapar.

El aire le había dicho que entraría un grupo lo suficientemente numeroso como para que la puerta se abriera el tiempo necesario para que escapara.

Subió al punto más alto para lanzarse en picado en cuanto las ramas se separaran, y esperó pacientemente.

Pasaron muchas horas, o eso le pareció, y la gente que haría para él de pasaporte a la libertad no aparecía. Pero, en la duración de un parpadeo, todo cambió, una luz nació entre las sombras.

El cuervo, sin pensárselo dos veces, saltó, replegó su cuerpo, y se dirigió hacia allí.

Cuando empezó a salir y a vislumbrar aquel cielo que anhelaba gritó con alegría, mas esa sensación no duró demasiado.

Las ramas se cernieron sobre su diminuto cuerpo con una velocidad estrepitosa, atrapándole con su letal abrazo.

Sin embargo el animal no se rindió, aleteó con todas sus fuerzas, picó la maleza para lograr ver el firmamento. Y lo consiguió justo antes de su último aliento, perdiendo así la vida de forma feliz. Había vuelto a ver ese cielo que ataño había surcado y con el que tantas noches había soñado… Por eso graznó en lo más profundo del bosque, allí donde las sombras de los árboles se mezclaban con la propia oscuridad atenuada ahora por la luz de la cúpula celeste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario