Paré
un segundo a tomar aire. Eché la vista atrás para observar mis huellas sobre un
camino que se alejaba de mí hasta más allá del horizonte.
Apenas
recordaba nada que no fuese ese sendero. Me había visto crecer, reír y llorar,
jugar y aburrirme. Me había visto andar sin más motivo que llegar hasta el
final. Me había visto nacer, crecer y, probablemente, me vería morir.
Era
todo lo que conocía. Un viaje interminable cuyo propósito nadie conoce. Unos lo
llaman vida, yo lo llamo camino. Y lo seguiré hasta el final, hasta el último
aliento que pueda salir de mis pulmones. Pues ese es mi destino. Andar hasta
que ya no quede más que dejar de hacerlo.
Reanude
la marcha y miré al frente. Allá, en el horizonte, donde el camino se ocultaba,
se hallaba mi meta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario