16 ene 2013

Jinetes del viento - 4

Tras esto, caí al suelo, pero algo amortiguó mi caída. Me fijé en que el aire había formado un mullido cojín justo donde había aterrizado.
   — ¿Qué leyenda?—pregunté yo, desconcertado
   — ¿¡Qué!?¿No has oído hablar de los Jinetes Elementales?
De repente parecío como si se dieran cuenta de algo muy importante.
   — ¿Tu eres de la Tierra, verdad?
    ¿Y qué si lo soy?
   —Que en ese caso eres el primer humano en pisar nuestro mundo, el primero en ser uno de los doce Jinetes. Y, a juzgar por lo visto, el viento corre a tu lado.
   —Espera, espera—dije yo, confuso¿Has dicho qué estoy en otro mundo distinto a mi planeta?
   —¿Acaso no sabías que estabas en las grandiosas tierras de Ol-Jazhar?
Tras escuchar estas palabras salí corriendo, era imposible que estuviera en otro mundo. Pero todo lo que hasta ese momento había visto indicaba que así era.
En ese instante, justo antes de abandonar la sala donde las paredes eran invisibles, me giré y pregunté:
   ¿Dónde está mi familia?
   —No lo sabe, Ruxio —dijo la voz del ser incorpóreo.
   ¿Dónde están? —repetí alzando la voz.
    En la cueva de las ánimas—me repite el ser invisible, aunque Ruxio parece desaprobarlo—. Lugar en el que todos entran, pero muy pocos son capaces de salir.
   —Es decir, pretendéis que crea que estoy en otro mundo, y que aparte mis padres en están en un sitio del que no podrán salir.
   —No, este no es otro mundo, tan solo la otra cara del tuyo.

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