10 oct 2012

Batalla sin victorias



 La sangre se agrupaba en charcos a lo largo del campo de batalla. Esta había terminado hace ya horas, pero tal fue la masacre que los cadáveres aún no habían sido saqueados.
 Las batallas siempre tienen un ganador, pero cualquiera que viera la escena sabría que ambos bandos habían perdido demasiado. Diez orcos muertos se contaban por cada elfo. Y otra decena de estos por cuerpo humano.
 Los estandartes aún se alzaban en el lugar donde había tenido lugar la reyerta, pero nadie los portaba, tan solo estaban allí, abandonados. Pues ya nadie quedaba vivo, el aliento de la muerte no dejó nada con vida.
La noche llegó, pero ni la oscuridad se acercaba a ese lugar. Y fue entonces, con la caída del último rayo de luz, cuando tuvo lugar el más maravilloso de los espectáculos. La luz de las estrellas despertó un vago recuerdo en la mente de los muertos. Los espíritus abandonaban los cuerpos, anhelando alcanzar aquel majestuoso cuadro que era el cielo nocturno. Pero al verse los unos a los otros la batalla volvió a comenzar. Las espadas incorpóreas se clavaban en cuerpos de aire, formando una siniestra danza sin final.
La muerte, frustrada, abandonó ese lugar. Pues sabía que en una batalla de muertos ella no tenía cabida, ya que los espíritus no podían matarse. Y así se formo la batalla eterna, un batallar sin victorias que hoy día no se recuerda ni en las leyendas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario