Su voz tenía un tono frío y amenazante,
igual que las escasas veces que entraba en su cuarto.
Él alzó las manos al cielo, y de estas
surgió un poderoso torrente de llamas. Instintivamente levante los brazos para
protegerme, y una corriente de aire hizo desaparecer el fuego.
—Veo que sabes Controlar—me dijo con un tono indiferente—, pero es obvio
que no sabes Montar aún. Y si sabes, ¡sígueme!
Tras esto, apareció bajo sus pies una
nube de fuego y esta se elevó, portándole y haciéndole volar.
Yo desee con todas mis fuerzas poder
volar. Y pasó lo que ya había pasado anteriormente, un tornado me envolvió y me
elevó por los aires.
—Parece que si sabes Montar—me dijo, sorprendido—, a pesar de no haber
tenido tiempo para aprender. Pero no importa, tarde o temprano podré
derrotarte.
>>Por cierto—dice cuando está a punto de irse volando—, saludos de
mamá y papá desde la cueva de las ánimas.
Estas palabras me enfurecen y hacen que
algo extraño nazca en mi interior. Un sentimiento, mezcla de furia y de sed de
venganza, aparece en mi interior. Es un sentimiento que no suele darse, pero
para mí no es desconocido.
Salí levitando a toda velocidad contra
él, pero algo logra detenerme.
—No—me dice Ruxio firmemente—, es lo que él quiere, no le sigas.
Pero yo no frené en mi intento de ir a matarle.
Hizo falta que ambos intentaran contenerme, y aún así a duras penas lo
lograron.
— ¡Para!—me ordena Ilika—. No te das cuenta
que en este estado él tiene todas las de ganar.
No sé por qué, pero esas palabras me
hicieron calmarme repentinamente. Y a pesar de estar calmado había varias cosas
que no comprendía. ¿Por qué de repente pude Controlar y Montar? ¿Cómo sabía él
lo de mis padres humanos?
Pero por otra parte me alegré, pues si
el enfrentamiento se hubiese alargado yo no habría resistido. Apenas me
quedaban fuerzas tras Montar una vez, como para repetirlo.
Bajé a tierra y el tornado se calmó,
pero me dejó inconsciente.
Desperté en una sala totalmente oscura.
Cuando mis ojos se adaptaron vislumbré unas sillas de piedra talladas
directamente sobre la pared. No había ninguna fuente de luz, ni si quiera un
tragaluz. El techo estaba sujeto por unas columnas llenas de surcos y letras
por todas partes.
—Ya te has despertado—dice una voz femenina a mis espaldas.
Proviene de una mujer vestida con una
extraña túnica que se encontraba sentada en una de las sillas talladas en la
roca. Su iris era amarillo y brillaba con un místico fulgor dorado, su pelo
castaño la caía hasta los pies.
— ¿Quién eres?—pregunté confundido—. ¿Y dónde
estoy?
—De una en una, Rasaal-gu—me contestó ella con tono paciente—.Soy tu
madre, la autentica. Llevamos años separados, una pena que yo ahora no pueda
salir de este lugar.
—Madre…—mi voz salió quebrada por las lágrimas, ahora que conocía a mi
madre estaba rebosante de felicidad— ¿Por qué no puedes salir?
—Porque tu hermano de la Tierra me encerró—me contestó ella nostálgica—,
y solo si uno de vosotros dos muere podré salir de aquí. Pero eso me da igual
ahora que estamos de nuevo juntos. Abrázame, hijo mío.
Tras
esto, la sentí morir entre mis brazos. Sin comprender que acababa de pasar me
di cuenta que no estaba en la misma sala.
Acaba
de despertar realmente, y una voz, probablemente la de Ruxio, dijo:
—Menos mal que has despertado, llevabas
varias horas inconsciente.
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