Reparéentonces en que no sabía si ella era humana o qué era.
—Pero tengo una pequeña duda—solté derepente—, ¿qué eres?
Anteesta pregunta Ilika se giró y miró a Ruxio, que la indicó con la cabeza quecontestara.
—Inráke.
Trasestas palabras un cuerpo se materializa en el espacio del ser invisible. Erauna bella mujer, de dorados cabellos que le llegaban a la mitad de la espalda.Sus ojos eran del mismo color que el pelo, pero con un matiz mucho más alegre.Sus rasgos eran delicados y frágiles, tanto que parecía que los podías rompercon tan solo mirarlos.
Entoncesme fijé en algo que no había visto antes, ¡tenía dos alas! Eran dos alas casitransparentes, y me delataron su naturaleza.
— ¡Eres un hada!
—Sí. Aunque no de cualquier tipo, pues tambiénsoy una Jinete del viento.
— ¿Por eso decías que somos iguales?
—Sí.Y Ruxio también lo es.
En ese segundo el centauro salió a unazona muy iluminada y distinguí bien sus facciones. Medía en torno a dos metrosy medio, su pelaje eras gris, y su pelo negro azabache. Tenía un rostro severoy marcado por arrugas que demostraban su avanzada edad. Sus ojos eran dosprofundos pozos oscuros como la noche.
—Creo que te debemos enseñar a manejar tuspoderes.
— ¿Podré hacer lo que acaba de hacerIlika?—pregunté, ilusionado.
—Ja,ja,ja. Primero tienes que Controlar, y luego podrás Montar. Pero siquieres te explicaré que ha hecho—asentí para que él continuara—. Lo que hahecho es anular un efecto de refracción que había creado anteriormente y que lavolvía invisible para el ojo humano normal, y muy difícil de detectar hastapara los Jinetes.
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