24 dic 2012

Apariencias


Tal vez fuera la certeza de una muerte próxima, o tal vez el hecho de que estaba en mi mejor momento, pero no podía para de correr. Pese a que me pesaba la curiosidad como una lápida no me atrevía a girarme para ver a mi perseguidor. El vago recuerdo de su negra e imponente figura persiguiéndome por aquellas lúgubres calles de Madrid era suficiente como para causarme un temor que jamás antes había sentido.
No podía parar de correr, no debía parar. Pues sabía que si lo hacía mi destino sería ineluctable. Notaba sus pasos detrás mía, aunque no los escuchaba. En más de una ocasión sentí  su aliento en mi nuca y como una mano fría me rozaba el hombro. Y yo cada vez corría más rápido, pero eso siempre me alcanzaba. Era una sombra surgida de la nada, un asesino curtido en mil batallas, era mi muerte.
En un momento paré para descansar, jadeando. Pero aquella cosa cayó del cielo repentinamente, y vislumbré su rostro. Unos rasgos marcados, varias cicatrices de quemaduras, la mejilla izquierda desgarrada y unos ojos oscuros como la más pura obsidiana.
Eché a correr a gran velocidad, o al menos lo intenté. Pero aquel extraño ser me apresó el brazo en una milésima de segundo. Intente zafarme de su fría mano, pero él alzó la otra para detenerme.
—Chico, no corras tanto. Me has hecho creer que nos perseguía alguien.
<<Está de broma –pensé-. No puede ser alguien normal. Quiere matarme.>>
—Toma —prosiguió, sacando algo de su chaqueta.
Vislumbré algo metálico, y supe sin duda alguna que ese era mí fin. Hasta que reparé en lo que extraía. Era mi maletín de trabajo.
—Te lo dejaste en aquella parada de autobús. Lamento que mis pintas te hayan asustado, pero no las puedo cambiar. Sabes —dijo con una media sonrisa nostálgica—,¿yo antes estuve en el ejercito. De ahí mis heridas. Y te repito de nuevo que lo siento. Es normal que huyeras de mí, no debí haber salido corriendo detrás de ti. Pero no estoy acostumbrado a tratar a la gente.
Entonces sentí pena por aquel hombre, por lo que tomé una decisión.
 —Seamos amigos —dije, tendiéndole la mano.
Y cuando él me la estrecho supe que le acaba de alegrar la navidad a una persona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario