Tal vez fuera la certeza de
una muerte próxima, o tal vez el hecho de que estaba en mi mejor momento, pero
no podía para de correr. Pese a que me pesaba la curiosidad como una lápida no
me atrevía a girarme para ver a mi perseguidor. El vago recuerdo de su negra e
imponente figura persiguiéndome por aquellas lúgubres calles de Madrid era
suficiente como para causarme un temor que jamás antes había sentido.
No podía parar de correr, no debía parar. Pues sabía que si lo hacía
mi destino sería ineluctable. Notaba sus pasos detrás mía, aunque no los
escuchaba. En más de una ocasión sentí
su aliento en mi nuca y como una mano fría me rozaba el hombro. Y yo
cada vez corría más rápido, pero eso
siempre me alcanzaba. Era una sombra surgida de la nada, un asesino curtido en
mil batallas, era mi muerte.
En un momento paré para
descansar, jadeando. Pero aquella cosa cayó del cielo repentinamente, y
vislumbré su rostro. Unos rasgos marcados, varias cicatrices de quemaduras, la
mejilla izquierda desgarrada y unos ojos oscuros como la más pura obsidiana.
Eché a correr a gran
velocidad, o al menos lo intenté. Pero aquel extraño ser me apresó el brazo en
una milésima de segundo. Intente zafarme de su fría mano, pero él alzó la otra
para detenerme.
—Chico, no corras tanto. Me
has hecho creer que nos perseguía alguien.
<<Está de broma –pensé-.
No puede ser alguien normal. Quiere matarme.>>
—Toma —prosiguió, sacando
algo de su chaqueta.
Vislumbré algo metálico, y supe
sin duda alguna que ese era mí fin. Hasta que reparé en lo que extraía. Era mi maletín
de trabajo.
—Te lo dejaste en aquella
parada de autobús. Lamento que mis pintas te hayan asustado, pero no las puedo
cambiar. Sabes —dijo con una media sonrisa nostálgica—,¿yo antes estuve en el
ejercito. De ahí mis heridas. Y te repito de nuevo que lo siento. Es normal que
huyeras de mí, no debí haber salido corriendo detrás de ti. Pero no estoy
acostumbrado a tratar a la gente.
Entonces sentí pena por aquel
hombre, por lo que tomé una decisión.
—Seamos amigos —dije, tendiéndole la mano.
Y cuando él me la estrecho supe
que le acaba de alegrar la navidad a una persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario